Los agujeros negros de una yonki… de la felicidad

•enero 31, 2010 • 2 comentarios

Hoy amigas mías, me vais a permitir que utilice este post para desahogarme. Llevo casi una semana limpia y lo estoy pasando francamente mal. El pasado martes decidí por consejo de un amigo dejar de tomar mis pastillas mágicas. Sí, las mismas que empecé a tomar cuando el gran hijo de pé aquel me dejó. No. No estoy enfadada con él, pero ahora mismo me resulta más fácil descargar mi rabia contra él que contra mí misma, supongo.

“Charlotte, ya hace un año y medio. Ya va siendo hora de pasar página”, me dijo mi amigo. Y a la mañana siguiente no me presenté a mi cita diaria con Mr. Excitalopram. Todo fue bien, hasta el cuarto día en el que empecé a sentirme distinta. Discutí con mi hermana y me sentí muy alterada, tan alterada como me siento ahora. Dios, fue como quitarse un velo de los ojos y ver cómo la realidad me abofeteaba la cara. Mi vida apesta. Mi familia apesta. Mi situación profesional apesta. Mi vida sentimental apesta. ¿Qué leñes estoy haciendo con todo? Y me doy cuenta de que no hay un desencadenante, un culpable a quien señalar. Las cosas éran así ya incluso antes de conocer a Mr.-soy-un-inmaduro-de-mierda (Mr. Big para las entendidas). Las pastillas sólo eran el tapón en la bañera que mantenían mi cuerpo y alma a flote sobre toda esta gran masa de infelicidad. Fue quitarlo y tan rápido como se forma ese bucle de agua tras un baño, mi vida y sus ejes empezaron a enrollarse sobre sí mismos, como un agujero negro cósmico… y por ese pequeño agujero se van diluyendo aquellos días alegres que pasé en el extranjero, el recuerdo de las caras sonrientes de cada una de las personas que fui conociendo en mi camino, la música, los paisajes, las experiencias tristes, las alegres, todo, y con ello, mis ganas de vivir…

Al fin vuelvo a ser yo, la negativa y pesimista Charlotte. Aquella que con sólo 13 años se empezaba a hacer preguntas sobre la muerte y la felicidad. Aquella que cruzaba la calle lentamente e incluso se detenía mirando desafiante a los vehículos con un “atrévete a pisarme”. La misma que se enfadaba consigo misma al llegar al otro extremo de la calle, por no tener las agallas suficientes para acabar con su vida…

Aquella Charlotte era diferente. Estaba sola. No tenía amigos ni nadie que la quisiera. Si Charlotte muriese hoy, mucha gente se entristecería. Puedo ver a mis amigos llorando de la rabia por no poder ayudarme en su tiempo. Sé que hay gente que me aprecia. Gente por la que yo también daría todo. Pero estas personas no estan conmigo, por desgracia. No puedo coger ahora mismo y llamarlas al móvil y tirarme media hora contándoles mi estúpida riña con mi estúpida hermana. No puedo quedar con ellas cada sábado para quitarnos el estrés con un par de cañas y cotilleo vario. Aquellos maravillosos días juntos se terminaron. Y siempre queda el amor, pero no es lo mismo.

Nunca es lo mismo. Para una persona condenada a ser una amargada mental, cualquier pasado siempre será mejor. He llegado a esta conclusión: no hay nada que vaya a hacerme sentir mejor. La clave está en mí misma. Hace poco leí que somos lo que pensamos. Somos esclavos de nuestra mente y si nos sentimos tristes alguna vez es porque queremos. Y así, una vez más, mi estúpida mente ha preferido la autocompansión, la nostalgia, la melancolía, la tristeza…

Lo bueno de la vida y de esta forma que tengo de ser (si hay algo bueno en ella), es que me permite aprender mucho de estas experiencias. Al menos la Charlotte de hoy no piensa en el suicidio como una solución, sino como un fin a su tragicomedia de vida. Al menos hoy sé que la vida una vez tuvo un alto valor por el que merece ser vivida. Una vida por la que seguir adelante. Superar éste y otros baches, o agujeros negros… Nunca se me dio bien la física…

(Escrito bajo los efectos del Síndrome Pre-Menstrual)

Charlotte y la falta de sexo

•enero 24, 2010 • 2 comentarios

Seis meses. Seis meses desde la última vez. He olvidado ya lo que es un abrazo, un beso, una caricia en el cuello. Despertarse por la mañana y tener ese extraño sentimiento de que hay otra persona en el mundo que se despierta contigo. Unos labios ajenos sobre los tuyos, o mejor, sobre tu cuerpo. Seis meses es mucho tiempo. Hace ya tiempo que empecé a preocuparme por esta nueva fase de mi vida: la abstinencia, la soltería, el celibato o como queráis llamarlo.

Mis amigas me dicen que es bueno estar sola, dedicarse tiempo a una misma, ser un poquito egoísta y disfrutar de la vida.  Su consuelo es que algún día el amor llamará a mi puerta otra vez y volveré a ser feliz. Todas ellas tienen ya pareja, por supuesto, y estan en vistas de casarse/juntarse en breve. Supongo que la vida se ve de otro color cuando la miras desde el barco grande y bonito. A tal extremo está llegando esta situación que ya divido a la gente según su condición personal: aparejados, semi-casados, en proceso de despecho, y solterones. En el último reino yo.

Hasta ahora lo he sabido llevar con dignidad. Desde aquella mañana intensa en la que me despedí de mi oso Yogui no he vuelto a enamorarme de nadie más. Un amigo cayó por casualidad en un colchón de hostal veraniego, y otro amigo intentó crear algo de donde no había. Pero nada. Nada me conmueve. ¿Qué ha sido de aquella Charlotte guerrera que quería comerse el mundo (“y unas cuantas…” diría alguna mala lengua)? Ni siquiera he extrañado el sexo en todo este tiempo. No ha sido hasta estos últimos días en los que he empezado a reflexionar que me he planteado que quizá tenga un problema.

¿La falta de sexo es un problema? Desde luego no es un problema, al menos para una mujer. Realmente hace ya tanto tiempo que no experimento lo que es estar desnuda delante de otra persona que ni lo recuerdo. Y no puedes echar de menos algo que no recuerdas, ¿verdad? Por supuesto, añoro a mi querido oso, pero no hay remedio para eso. Otras veces me obsesiona la idea de que esta abstinencia podría tener efectos secundarios. ¿Se me puede olvidar hacerlo de no-hacerlo?

Hace unas semanas fui al ginecólogo y entonces me di cuenta de todo, porque tuve que depilarme. Llevaba meses sin hacerlo y mi hermana me riñó por descuidarme tanto. “¿Y para qué me voy a depilar si nadie va a mirar ahí abajo?” pensé. Y eso, y el dolor del maldito “pato”, me descubrieron una nueva verdad: es posible que me esté revirginizando. Reíros, reíros, pero yo lo así lo creo. Ya no sólo por la posibilidad remota de que mi “cosita” se haga cada día más pequeña por la falta de costumbre… Si no por el pudor, la vergüenza, la falta de práctica, y todos estos miedos y pánicos que me están naciendo hacia el sexo. Suena tan mal como es: me veo incapaz de abrirme de piernas tal cual delante de nadie.

Algunos amigos bromean y me dicen que “estoy desesperada”. Yo de momento no me veo tan necesitada, pero me da miedo llegar tan bajo. El otro día una amiga me recomendó salir de fiesta “sólo-chicas” y pescar carne fresca. ¿Tú crees? le dije. ¿Acostarme con el primer inútil que me sonría en una discoteca va a solucionar mis problemas afectivos? ¿Me voy a sentir más feliz a la mañana siguiente cuando despierte delante de un don-nadie oliendo a ron con cola?

Yo creo que no. Creo que lo que necesito no es SEXO, sino AMOR. Como el viejo programa, necesito enamorarme. Ganas no me faltan. Extraño tanto el abrazar, besar y mimar a otra persona que hasta los demás lo notan. Mi hermana me llama “pesada” cuando la intento abrazar por las mañanas. Dice que me estoy volviendo “cursi”. Y yo me acuerdo de aquel poema de Pedro Salinas en el que se declaraba un ENAMORADO DEL AMOR. Yo, como él, no anhelo a una persona en concreto sino al hecho de estar enamorada de alguien. Y creedme, por muy romántica que pueda pareceros la idea, es muy frustrante tener todo un nido preparado para incubar algo que nunca llega. Además se corre el riesgo de la equivocación. Cuando alguien busca algo, lo encuentra, pero defectuoso. El amor no se busca. El amor te descubre sin quererlo. Un día te levantas sin saber que acabarás enamorada. Es así de simple e imposible.

Y ahora que empiezo a impacientarme con esto, peor me siento. Porque cuanto más piense en ello más tardará en llegar mi historia anhelada. No quiero acabar en los brazos de otro indeseable que me ofrezca su vacía virilidad. Quiero a alguien que me haga extremecer. Una persona de la que aprender cada día. Algo nuevo, fresco, excitante, fuera de lo común. Y quiero que él me encuentre, no yo a él.

Mientras tanto seguiré bajando la cabeza cada vez que subo al ascensor con un hombre, no vaya a ser que me guste y la caguemos. Y por si acaso, iré mirando plazas libres en el convento del pueblo de al lado… Que dios me ampare en su paraíso de solteronas amargadas… Amén.

¿Qué queda cuando se acaba el amor?

•agosto 17, 2009 • Dejar un comentario

divorcio-can

Esta es una pregunta que llevo tiempo queriendo contestar. Cuando el amor se acaba entre dos personas, ¿qué deja tras de sí? Melancolía, odio, rabia, dolor, madurez, depresión, soledad, ¿amistad?… Supongo que es algo en lo que cada cual puede aportar su propia experiencia. Últimamente he estado pensando bastante en Mr Big y en cómo nuestra relación empezó y… terminó.

Es curioso que no importa cuánto tiempo pase, hay heridas que nunca cicatrizan del todo. El otro día, por descuido de mi desastrosa hermana, pude entrar en su cuenta de la red social Tuenti (que yo misma borré para evitar espiarle) y ver las últimas novedades del asqueroso baboso de mi ex-pareja. Sabía que estaba mal, pero continué cliqueando en cada fotografía, en cada comentario, en cada detalle ávida de curiosidad y morbo… Poco a poco esta curiosidad fue convirtiéndose en pequeños alfileres que acabaron golpeando y magullando mi pecho hasta el punto de no poder respirar. ¿Qué es esto? ¿Acaso no lo he superado aún? Por supuesto, cualquiera me dirá que soy una masoquista y que quién me mandaba a mí meter las narices dónde no me llaman… Pero algunos psicólogos dicen que la única manera de enfrentarse a tus “fantasmas” del pasado es enfrentándote a ellos. Si eres capaz de pasar por al lado de tu ex y no sentir nada (o como mínimo, no alterarte), significa que la cosa está superada y que tienes un aprobado en tu “terapia de despecho”. Según esto, yo suspendí con creces mi despecho con Mr Big, pues no he parado de tener pesadillas con él desde aquella maldita tarde de curiosidad…

Y no es que sienta nada por él. No me planteo ni por casualidad el volver con él. No lo haría. Sé muy bien que ese pseudo-hombre no me gusta. Una cosa es perdonar el mal hecho y otra muy distinta ser estúpida y caer en la misma trampa dos veces… Pero aunque sólo fuera por curiosidad (de nuevo, ¡maldita costumbre la mía!), a veces me gustaría sentarme delante de Mr Big y preguntarle claramente qué piensa de todo. ¿Alguna vez te acuerdas de mí? Y cuando lo haces, ¿cómo te sientes? ¿Tú también sientes esa mezcla de nostalgia y alivio? ¿Alguna vez me echas de menos? ¿Alguna vez te has preguntado qué hubiera pasado si…? Supongo que acabaría interrogándole hasta el último rincón de su ser… por simple curiosidad. No porque quiera volver con él, sino porque tengo curiosidad. Me gustaría saber hasta qué punto sentimos las rupturas los hombres y las mujeres. ¿Las sentimos de diferente manera?

El modelo de Mr Big no me sirve. En aquellas fotos parecía que había cogido peso (al fin). Tenía más músculos, se ha quitado sus gafas (que tanta personalidad le daban) y se ha dejado barba. Parece que haya crecido algo… por fuera. Pero cada palabra y sobre todo, cada acción que hace siguen reflejando al mismo cretino inmaduro que un día me hundió la existencia. De entre sus muchas últimas hazañas, ahora le ha dado por la pederastia. Sí, sale con niñas. Y no me refiero a chicas de 18 para un “señorito” de 20 como es él. No… Se va de discotecas (y qué antros, amigas…) con niñas nada más y nada menos que de 15 años… ¡Y me llamaban a mí “asalta-cunas”! Resulta muy patético, pero corres ya a vomitar cuando te paras a leer las chorradas que se mandan entre ellos y cómo las va mareando a su antojo de cualquier manera. Sí, estáis en lo cierto: la imagen que tengo ahora mismo de él… deja muuuuuuuucho que desear. A veces siento hasta lástima por él y en la clase de individuo en la que se ha convertido. Ahora, eso sí, tengo la conciencia bien tranquila, pues sé que no tengo nada que ver en esa degeneración suya…

Ya que yo, duela o no, no pinto nada en su miserable vida. Ni lo pinto ahora ni lo he pintado nunca. Y las cosas como son. A veces cometo otro error de hablarle por chat para saber de su vida -¿no se SUPONE que somos AMIGOS?. Apenas consigo arrancarle monosílabos y el muy desgraciado no muestra EL MÁS MÍNIMO interés en mi vida. Jamás pregunta por mí, por cómo me está yendo o cómo me ha ido. Nada. Hombres del mundo,  habladme por favor, ¿alguien puede explicarme esto? ¿Es normal para el género masculino ser así de arrogante, egocéntrico y despreciable con otra persona que sabes que tiene cierta estima por ti, aunque sólo sea por respeto? Pero, a fin de cuentas, estamos hablando de Mr Big. No elegimos ese nombre para él por sus “tributos” naturales por mucho que él vaya fardando de sí mismo (¡otro defecto!)… Mr Big es así, insolente, egoísta, inmaduro e interesado. Va con todos y está solo; eres su amigo pero le importas un bledo; eres “su chica” pero le toca el culo aquella, se hace fotos besándose con tías y tíos de cualquier discoteca y las cuelga en internet para que todos gocen de sus “hazañas” (orangutanes…) y le dice ‘te quiero’ a todas sus (ahora pequeñas) amiguitas que pocas no son…

Aquí es cuando una suspira… ¡pero de alivio!

Sí, reíros pequeñas zorrillas con minifalda y de bello púbico inexistente… He aquí mi advertencia:

Ahora es vuestro principito azul y os hace soñar con arcoiris y dioses-Pingüino que conceden deseos, os sonríe, os abraza, os besa y no quiero pensar qué más (depravado)… Pero algún día os enamoraréis de él y os calará bien adentro. Buscaréis una respuesta por su parte. Querréis retenerlo a vuestro lado… Y eso, no será posible… Quizá cambie con el tiempo, pero siento descubriros que mi (vuestro) Mr Big no es un hombre completo. Le falta lo más importante en un ser vivo: la capacidad de amar a otro ser. Y espero que no sea así, pero jamás podrá llenaros al 100% ni responderos con los mismos sentimientos…

Decidme, amigas mías, ¿cuántas entradas más he de malgastar en este cretino sin moral? Ojalá algún día alguien me mencione su nombre y me eche a reír sin más. La diferencia entre la Charlotte de hace un año y la de ahora es que ahora sé que ese día llegará, tarde o temprano. Algún día, este vacío que él me dejó será rellenado… de muy buenas experiencias, nuevas aventuras que disfrutar al lado de un hombre de verdad, un hombre completo.

100% Love

•agosto 5, 2009 • Dejar un comentario

Atardecer

El otro día estábamos reunidas Carrie, Samantha y yo con otros amigos cuando salió el tema por excelencia: esto es, el sexo. El caso es que acabamos contando con cuántas personas nos habíamos acostado hasta la fecha y para sorpresa mía, a mis casi 23 años, yo fui la “ganadora”. Ni siquiera nuestra apasionada Samantha me superó. Y es que en el último año mi vida ha dado varios giros de 360º…

Después de varios desengaños con hombres-sapo y demás alimañas, acabé siguiendo el consejo de varios amigos: “si no encuentras el amor, al menos dale un gusto al cuerpo”. Y no sé cómo, así acabé de fiesta en fiesta, bebiendo y perdiendo el norte, la memoria y la ropa interior; levantándome a la mañana siguiente con un hombre diferente (a veces un extraño, a veces un amigo) y llevándome las manos a la cabeza. ¿Qué ha sido de la inocente Charlotte que creía en el amor verdadero y las almas gemelas? ¿A dónde fue?

De piedra en piedra anduve, cometiendo mis errores y disfrutando de lo que podía. Tampoco es que el sexo me hiciera feliz. ¡Sólo quería sentirme amada! Como la canción, “tenía tanto que dar”. Mi corazón buscaba un “receptor” donde descargar todo ese amor que deseaba compartir. Amar a alguien, hacerle feliz y ser feliz con su sola sonrisa. Eso es lo que quería. Y ya sabéis, mis niñas, que cuando una busca el amor, él no te encuentra. De modo que me aguanté, puse “morros”, crucé mis brazos y olvidé mi pequeño corazón. Hasta que llegó él.

El “oso Yogi“, así lo llama Carrie (risas). Un chico en su sitio, maduro, serio, responsable (a veces demasiado) y con las ideas claras. Lo que empezó siendo un “amor platónico” acabó siendo una historia real. Nuestra historia. Una nueva experiencia en mi vida, en todos los aspectos. Los movimientos por ambas partes eran lentos, muy lentos. Al principio, impulsiva de mí, no entendía tanto “ritual” estúpido, tanta espera, e intenté acelerar las cosas… sin fruto alguno. Pronto abrí mi mente y me di cuenta de que a veces probar cosas nuevas no es tan malo. Y de las cosas lentas también se puede disfrutar, y mucho. Cada detalle, cada mirada, cada palabra, cada gesto… Algo se estremecía dentro de mí. Era mi corazón, que despertaba después de un largo letargo. ¿Me había vuelto a enamorar?

Por supuesto, Yogi tenía sus defectos, como todo ser humano. Pero no me importaban. Me gustaba tal cual, y no quería cambiarlo. Estoy segura de que hubiera sido muy feliz a su lado… Pero teníamos un obstáculo: el tiempo. Mi tiempo se acababa y pronto nos separaríamos (de ahí mis ansias por acelerar nuestro acercamiento). Un día me propuso emborracharnos juntos. Luego de eso fuimos a mi casa, y sucedió lo que pasa cuando una chica joven y un chico joven se quedan a solas en una habitación… Y esta vez no fue sólo sexo, esta vez fue “hacer el amor”. Y… me encantó. A partir de ese día, nos convertimos en amantes de verdad.

Un año entero probando cuerpos ajenos y viviendo más de una anécdota que quisiera olvidar… hasta que conseguí disfrutar del sexo de nuevo, porque había amor. A pesar de lo corto de nuestra relación, fue tan intenso. Yogi me enseñó tantas cosas acerca de las personas, de la manera tan diferente en que pensamos, del amor, del sexo, de mi propio cuerpo… Podía estar con él totalmente desnuda a plena luz del día y no sentir vergüenza. Teníamos algo tan especial, al menos para mí. En términos “agua-fiestas”, yo estaba en plena etapa “rosa” del amor. Esto es, los 4 primeros meses de una relación, cuando todo te parece chachi-piruli y vives en las nubes (o, como vulgarmente se dice, encoñada). Y justo en ese momento, mi oso y yo tuvimos que separarnos…

“Lo que no puede ser, no puede ser”. Parece que tengo mala suerte porque siempre que me enamoro, miles de kilómetros se entrometen para romperme el corazón. Lo mío con Mr Big tocó fondo por este motivo (entre muchos), y lo mismo ocurrió con mi amado oso Yogi. Yo era muy consciente de esto, y sabía a lo que me arriesgaba si seguía adelante con una relación destinada al fin. Pero soy una terca (de eso no hay duda) y pienso que si la vida te pone la oportunidad de ser feliz, aunque sea un solo segundo, hay que ir A POR TODAS. Luego siempre puedes alegar “que me quiten lo bailao“. Es cierto que me han hecho mucho daño por ser tan tontaina y darlo todo a cambio de nada… pero no me arrepiento, y sé que lo volvería a hacer. Charlotte sólo sabe amar de una manera, y es dándolo todo, 100%, hasta el final.

Ahora, dos semanas después de la gran “tragedia griega”, voy reponiendo las pequeñas piezas de este rompecabezas sin-sentido que yo viví como una de las mejores relaciones de mi vida (superando al inútil de Mr Big CON CRECES). La vida continúa y aunque no sepa bien lo que quiero ahora, sé que encontraré el amor, o mejor dicho, ÉL me encontrará a mí algún día. Durante mucho tiempo pensé ingenuamente que Mr Big había sido el gran amor de mi vida. Ahora, después de haber conocido a Yogi, he comprendido que en la vida hay varios “grandes amores”. Y así, algún día conoceré al siguiente caballero azul que me haga subir al cielo y suspirar mirando atardeceres como éste… Lo que tenga que venir, vendrá. Y sino, que nos quiten lo bailao

Charlotte y el sexo

•diciembre 31, 2008 • 2 comentarios

42-18030411

Disculpad estos meses de desaparición. Simplemente no había nada sobre lo que escribir. Así de triste y deprimente, la vida de Charlotte continúa a la deriva, en busca de algo que ya no sé si quiero encontrar. Algo en mí ha cambiado. ¿Perdí la esperanza? ¿Por qué? ¿Y cuándo? Intenté conocer a nuevas personas y fracasé. Una tras otra recibieron su respectiva “patadita y muy buenas-que-te-vaya-bien” y yo volví a sentirme mala persona. ¿Qué hacía mal? Algo no cuadraba. Después del tercer “sujeto” empecé a darme cuenta de que el problema no eran “ellos” sino yo. Hay algo mal en mí. ¿Es que todavía no he olvidado a Mr Big? ¿Es eso? Y si fuera así, ¿cómo es posible? ¿Tan desesperada estoy que decido anclarme en un pasado que ya no existe? Mr Big pasó página hace ya tiempo. Yo debería hacer lo mismo. Y al ver que no podía enamorarme otra vez, opté por entregarme únicamente en cuerpo y olvidar la parte del alma.

No podré decir mucho del amor pero sí mucho acerca del sexo. Mi miserable existencia espiritual del presente me empuja cada semana a lo que se ha convertido en la fuente de mi energía. Cualquier escenario me vale, y ya me los sé todos. La pegajosa barra de un bar con olor a curry; el parque húmedo y frío de nuestro vecindario; un club lleno de quinceañeros ignorantes; una fiesta de despedida; una fiesta de bienvenida; con desconocidos; con falsos amigos; maquillada; sin peinar; celebrando algo realmente o simplemente ocultando mi tristeza y desesperación… Así es como me he convertido en la alcohólica que ahoga sus penas semanal o quincenalmente dependiendo del corto presupuesto que se tercie. Y lo peor no es eso. A las duras consecuencias físicas hay que sumarle las psíquicas. Cada vez que Charlotte empina el codo acaba durmiendo con un apuesto caballero que se convierte en rana en cuanto amanece a la mañana siguiente…

“Y ni siquiera lo disfruto”. Podría decir que es lo más patético que he hecho en mi vida, aunque seguro que luego encontraría algo mejor. El colmo es que ya ni lo veo inmoral o incorrecto. He perdido la inocencia, la ética y la ilusión por vivir un amor de película. ¿A dónde fue la dulce Charlotte que soñaba con una boda americana llena de flores y terciopelo? Parece la cosa más normal y aceptable el traerme a mi pequeña habitación de residencia a un desconocido cuya cara no recordaré al día siguiente. ¿Por qué no?

Desconozco los motivos por los que un hombre inteligente se deja utilizar de una manera tan sucia y cruel, total para recibir un “encantada de conocerte” a la mañana siguiente mientras le cierras la puerta en las narices olvidando “sin querer” haberle dado tu número para que te llamase… Para mí se trata de un experimento. Hasta dónde puedo llegar. ¿Quiero ponerme a prueba? Una especie de castigo. Sé que odio el sexo sin amor y por ello me obligo a hacerlo. Quizá así encuentre respuestas. Quizá así aprenda qué hago mal. Quizá así vuelva a encontrar lo que he perdido.

Nuestra amiga Samantha nos diría que es una de las mejores terapias, aprender de lo que el cuerpo nos puede ofrecer con gente que ni te importa para después poder ofrecer lo mejor de ti misma a la persona que encuentres algún día. ¿Cierto? Y mientras tanto, a lo más puro estilo español, que nos quiten lo bailao. Suma y sigue y hasta el infinito y más allá.

En mitad de esta tormenta personal que golpea mi interior a diario (menos cuando estoy ebria) fue cuando tuve la lúcida idea: al igual que existen los flechazos en el amor, ¿existirá el sexo a primera vista? Porque de todos los recuerdos horribles que mi mente destruyó para ahorrarme más de una vergüenza, lo que siempre recordé fue que ninguna de mis víctimas supo satisfacer a una Charlotte que no sabe ni qué quiere, que no sabe qué le gusta y que no tiene la confianza suficiente para pedir por esa boca al amable caballero que se convierta si es tan amable  y no le importa en el patoso príncipe azul que una vez la salvó de si misma.

Ni siquiera mi última víctima, francesa también (lo francés está de moda), me dio lo que buscaba. Me dijeron que hacer el amor era una cosa y practicar sexo otra distinta. ¿No se puede disfrutar del sexo a secas? (Aquí es cuando una Samantha gritaría horrorizada y sintiéndose insultada, ¿no?) Entonces, ¿existen personas que valen para eso y otras que no? ¿Seré yo del primer o del segundo tipo? ¿Qué busco yo de todo esto? Y si no me gusta, ¿por qué no paro? ¿Realmente intento castigarme? ¿Por qué?

Demasiadas dudas, amigas. Charlotte no nació para el sexo. Pero tampoco se conforma con el amor que le ofrecen ahora. Empiezo a sentir que mis heridas no curaron del todo… Temo que hayan estado todo este tiempo sangrando internamente sin darnos cuenta… Lo que me lleva a sumar un nuevo propósito a mi lista de año nuevo: curarme y superar esto. Desde luego, el sexo al azar no será la terapia, creedme.

¡Muy feliz año nuevo a todas!

La Catarsis de Carrie

•diciembre 5, 2008 • Dejar un comentario

Los ojos rojos me gritan toda la rabia que la boca calla. Carrie vuelve a la carga. Allí ante ella, apretujados en un sofá de los pequeños, dudablemente bonitos aunque baratos, se debatían en una discusión dos personas que creía no conocer. Una miraba incrédula a la otra, atontada con su mutis por el foro repentino e inesperado. Nada más lejos de la realidad. Aquella noche hubo vino descafeinado y música de réquiem. Hubo gritos de sorpresa y mentiras que por fin se destapaban. Hubo de todo menos la función programada en cartel desde que despidió al amante hippie en una estación de bus.

Pienso en aquellos momentos como en una obra de teatro en el que todo está listo para la representación, decorados, artistas, luces…y acción ¿…? Sobre las tablas y con luz de protagonista indiscutible el soldadito de plomo y Peter Pan todo en un pack. Un cóctel molotov. Lo mejor de cada casa llevado a tu salón- escenario puede llegar a hacer que por una vez en mucho tiempo pierdas tu porte digno. El queridísimo tonto del culo número 3, venia para despedirse supuestamente con elegancia de mi vida. Eso dictaba su guión en vez de “amour a la belge” como la crítica preveía. Voilà el propósito de su viaje hasta mi nueva ciudad para alzarse con el premio al mayor fantoche en tiempo. A Carrie todo le parecía un fotograma de película mala. Mi otro yo seguía frunciendo los ojos preguntándose cómo salir airosa de la situación.

Las mujeres solemos ser difíciles, pero los amantes franceses lo son más. Sobre todo cuando intentan ser todo lo maduros que nunca antes demostraron ser y hacer las cosas según el guion moral que dicta las tablas de la ley de las relaciones amor odio. Aquella noche sonaba algo así como “deberías ser más fuerte que yo” en la voz de Amy. No había género de duda que aquellas palabras eran lo más cercano a una profecía en la mente de una supersticiosa como Carrie. Altivo y orgulloso de haberse conocido el espécimen en cuestión le había cortejado todo el día, todo el mes, y todo todito todo lo que sus armas a través de la pantalla podían haber sugerido. Al otro lado del ring-sofá se encontraba Carrie o algo así como su alter ego desde el mismísimo momento en que oyó las palabras mágicas. Se acabó. Algo más francés, fácil y chic me esperan en mi majestuoso país de origen, canturreaba impasible.

El tiempo pareció marcar su compás con agujas asesinas. Con escalas desafinadas en la voz del otro. Decididamente aquel discurso de au revoir no sonaba precisamente a música celestial. Nada hacía recordar que aquellos sudores fríos y aquella manta sobre los hombros eran reales. El siguiente paso era reaccionar y meterse de nuevo en la piel de la histérica que una vez fui se decía Carrie. Cuando una es joven, inexperta y pipiola en esto de los Peter Pan aún le pilla de sorpresa semejantes desfachateces y cae en la tentación de creer que el mundo es bueno. Pero pasado el tiempo de aprendizaje, hasta la versión más Candy de Carrie consigue resucitar de la resignación para cantar las cuarenta y la marseilleise si es necesario. Aquella noche, con Amy de fondo dictándome el discurso perfecto y soplándome al oído que aquel no era sino un lady boy en fase patán total, le puse los puntos sobre las iés y sin sordina que valiera a mi tesoro galo. Tanto que le rebajé el ego al altura de sus zapatos grunge y sin betún por aquello de que es moderno y guay. Me siento orgullosa de haberlo hecho. La ocasión lo merecía y un verano de compás de espera era más un calderón abusivo que un silencio de suspense y rigor dramático. El gallito se volvió a las galias sin plumas y sin cacarear. Y mi dignidad volvió a su cauce. Por algo cantamos al principio de los tiempos post-erasmus que nada ni nadie nos iba a parar y que la experiencia esta vez si, nos sirvió de aliado supremo y sublime. La obra de teatro aquella noche no tuve acción que valiese. No la esperada. Carrie reaccionó a tiempo para darse cuenta que aquel sofá y aquella escena no eran sino su propia vida que le pasaba de largo. No hubo escenas de cama. Hubo camas separadas y noche en vela en balde. Manzanas por comer. Desayuno sin diamantes. Eso sí, un paso más en firme, el de ahí te quedas con tu niñez demodé. Yo me voy con la música a otra parte. Sin duda, no a Paris.

Una vez más…la controvertida felicidad.

•octubre 24, 2008 • 3 comentarios

He aprendido una lección nueva, bueno lo que se dice nueva no es pero es algo que deberíamos tener en mente y que normalmente olvidamos, es la advertencia de no dejarse llevar por las emociones. Puede que te ocurra algo muy bueno pero va a ser efímero, fugaz o temporal, si no conseguimos “no emocionarnos” demasiado, puede que luego nos duela al caer de las nubes y ver la realidad. La realidad no es estar feliz contento todo el tiempo si no un estado neutral natural como la vida misma. ¿Por qué buscamos enamorarnos o estar enamorados? Debemos ser al menos conscientes de ello para ser felices o mejor dicho, para no ser infelices.

Las emociones son parte de la imaginación, somos seres que esperamos demasiado y hacemos de la realidad “nuestra realidad” por ello debemos ser lo más objetivos posible, y eso tú Charlotte aunque no lo parezca lo sabes hacer bien.

Todo es mágico mientras ocurre pero puede que nos estemos engañando a nosotras mismas o al contrario nos estén engañando… mi consejo es no te fies de las apariencias o ¿debería decir de nuestras percepciones de la realidad?

Bueno, vosotras mismas…

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.