Charlotte y el sexo

Disculpad estos meses de desaparición. Simplemente no había nada sobre lo que escribir. Así de triste y deprimente, la vida de Charlotte continúa a la deriva, en busca de algo que ya no sé si quiero encontrar. Algo en mí ha cambiado. ¿Perdí la esperanza? ¿Por qué? ¿Y cuándo? Intenté conocer a nuevas personas y fracasé. Una tras otra recibieron su respectiva “patadita y muy buenas-que-te-vaya-bien” y yo volví a sentirme mala persona. ¿Qué hacía mal? Algo no cuadraba. Después del tercer “sujeto” empecé a darme cuenta de que el problema no eran “ellos” sino yo. Hay algo mal en mí. ¿Es que todavía no he olvidado a Mr Big? ¿Es eso? Y si fuera así, ¿cómo es posible? ¿Tan desesperada estoy que decido anclarme en un pasado que ya no existe? Mr Big pasó página hace ya tiempo. Yo debería hacer lo mismo. Y al ver que no podía enamorarme otra vez, opté por entregarme únicamente en cuerpo y olvidar la parte del alma.
No podré decir mucho del amor pero sí mucho acerca del sexo. Mi miserable existencia espiritual del presente me empuja cada semana a lo que se ha convertido en la fuente de mi energía. Cualquier escenario me vale, y ya me los sé todos. La pegajosa barra de un bar con olor a curry; el parque húmedo y frío de nuestro vecindario; un club lleno de quinceañeros ignorantes; una fiesta de despedida; una fiesta de bienvenida; con desconocidos; con falsos amigos; maquillada; sin peinar; celebrando algo realmente o simplemente ocultando mi tristeza y desesperación… Así es como me he convertido en la alcohólica que ahoga sus penas semanal o quincenalmente dependiendo del corto presupuesto que se tercie. Y lo peor no es eso. A las duras consecuencias físicas hay que sumarle las psíquicas. Cada vez que Charlotte empina el codo acaba durmiendo con un apuesto caballero que se convierte en rana en cuanto amanece a la mañana siguiente…
“Y ni siquiera lo disfruto”. Podría decir que es lo más patético que he hecho en mi vida, aunque seguro que luego encontraría algo mejor. El colmo es que ya ni lo veo inmoral o incorrecto. He perdido la inocencia, la ética y la ilusión por vivir un amor de película. ¿A dónde fue la dulce Charlotte que soñaba con una boda americana llena de flores y terciopelo? Parece la cosa más normal y aceptable el traerme a mi pequeña habitación de residencia a un desconocido cuya cara no recordaré al día siguiente. ¿Por qué no?
Desconozco los motivos por los que un hombre inteligente se deja utilizar de una manera tan sucia y cruel, total para recibir un “encantada de conocerte” a la mañana siguiente mientras le cierras la puerta en las narices olvidando “sin querer” haberle dado tu número para que te llamase… Para mí se trata de un experimento. Hasta dónde puedo llegar. ¿Quiero ponerme a prueba? Una especie de castigo. Sé que odio el sexo sin amor y por ello me obligo a hacerlo. Quizá así encuentre respuestas. Quizá así aprenda qué hago mal. Quizá así vuelva a encontrar lo que he perdido.
Nuestra amiga Samantha nos diría que es una de las mejores terapias, aprender de lo que el cuerpo nos puede ofrecer con gente que ni te importa para después poder ofrecer lo mejor de ti misma a la persona que encuentres algún día. ¿Cierto? Y mientras tanto, a lo más puro estilo español, que nos quiten lo bailao. Suma y sigue y hasta el infinito y más allá.
En mitad de esta tormenta personal que golpea mi interior a diario (menos cuando estoy ebria) fue cuando tuve la lúcida idea: al igual que existen los flechazos en el amor, ¿existirá el sexo a primera vista? Porque de todos los recuerdos horribles que mi mente destruyó para ahorrarme más de una vergüenza, lo que siempre recordé fue que ninguna de mis víctimas supo satisfacer a una Charlotte que no sabe ni qué quiere, que no sabe qué le gusta y que no tiene la confianza suficiente para pedir por esa boca al amable caballero que se convierta si es tan amable y no le importa en el patoso príncipe azul que una vez la salvó de si misma.
Ni siquiera mi última víctima, francesa también (lo francés está de moda), me dio lo que buscaba. Me dijeron que hacer el amor era una cosa y practicar sexo otra distinta. ¿No se puede disfrutar del sexo a secas? (Aquí es cuando una Samantha gritaría horrorizada y sintiéndose insultada, ¿no?) Entonces, ¿existen personas que valen para eso y otras que no? ¿Seré yo del primer o del segundo tipo? ¿Qué busco yo de todo esto? Y si no me gusta, ¿por qué no paro? ¿Realmente intento castigarme? ¿Por qué?
Demasiadas dudas, amigas. Charlotte no nació para el sexo. Pero tampoco se conforma con el amor que le ofrecen ahora. Empiezo a sentir que mis heridas no curaron del todo… Temo que hayan estado todo este tiempo sangrando internamente sin darnos cuenta… Lo que me lleva a sumar un nuevo propósito a mi lista de año nuevo: curarme y superar esto. Desde luego, el sexo al azar no será la terapia, creedme.
¡Muy feliz año nuevo a todas!


Posiblemente ya ni abras este blog. Pero nosé como lo encontré en Internet. Lo qe puedo decirte es qe me encantó. Qiero saber si lo escribieron ustedes o lo sacaron de algún lado ? Me insipira mucho. Es Genial. Espero recibir noticias. Besos y fué un placer leer tu blog.
Estimada Belén:
Gracias por tu comentario. De verdad que nos alegras el día diciendo que disfrutas con nuestras historias. Efectivamente, todo lo relatado en este blog está basado en nuestras propias experiencias. Por eso escribimos cada cierto tiempo, porque sería imposible escribir sin la inspiración de la vida misma. Pronto sacaremos una nueva entrada. Espero que te guste.
Un abrazo y gracias a ti.