La importancia del primer beso y Cómo me convertí en una “calientabraguetas”

Por desgracia o fortuna, me he visto envuelta en algunos “líos amorosos” durante el último mes que me han llevado a plantearme algunas reflexiones acerca de las primeras impresiones a menudo erróneas, las ilusiones que a veces nos creamos sobre otras personas, esas pequeñas expectativas que no podemos evitar la gente soñadora, y también cómo a veces un simple gesto, palabra o situación puede derrumbar nuestro mágico sueño auto-inducido.

Con la llegada del bello cuadro otoñal, y lo que ello significa: nuevo curso, nuevo trabajo, nueva vida quizás, nuevo vestuario, ansiada rutina, etc, llegó la hora de hacer memoria sobre nuestro alocado verano y sacar conclusiones de las que aprender algo. Creo que tanto Carrie, Candy (por cierto, ¡bienvenida al blog!) como yo hicimos este “ritual de purificación”, aunque cada una a su manera. En mi caso concreto, me di cuenta estando ebria (realmente, de resaca al día siguiente). Recuerdo que aquella mañana me levanté en mi suave y limpia cama, con mi pijama puesto, los pendientes quitados, todo muy normal. Me sentía un poco mareada pero bien. Lo único que atormentaba mi cerebro en ese momento eran los flashes de la noche anterior. Recordé que bebí más de la cuenta. Fuimos de fiesta, había música y encontré a viejos amigos. De repente mis amigas me habían cogido de la mano y “arrastrado” a mi casa. ¿Quién llevaba las llaves? ¿Quién abrió la puerta? No lo recordaba. Subimos y empecé a encontrarme realmente mal. Recordaba cómo me costaba respirar y que les pedí a mis amigas que me llevaran al baño. Vomité. “¿Tienes el flequillo?” dijo una de ellas. Tuvieron todas las gentilezas imaginables. Me desvistieron, me pusieron el pijama, y hasta me quitaron los pendientes… Pero no sólo les debo eso.

Al parecer, me había tirado la noche tonteando con un amigo mío, echándole indirectas e incluso robándonos besos (sin comentarios). La cosa se puso grave cuando yo perdí el norte gracias a la botella de Whisky Pechê enterita que me bebí yo sola y el amigo en cuestión intentó propasarse de alguna manera. FUe entonces cuando mis ángeles de la guarda intervinieron y me rescataron de las babosas manos de un pobre hombre que no es de hierro. No le culpé en aquel entonces ni le culpo ahora. No era el primer hombre al que besaba esa semana. Dos días antes de aquella noche desfasada también estuve con otro “amigo”. Un chico realmente majo que me encantaba como persona. Cumplía casi todos los “requisitos”: mayor de 23, estudiante, familia simpática, majo, interesante… Era “casi perfecto”… hasta que me besó.

Para seros franca, no elegí Mr Big como pseudónimo para mi exnovio por ningún motivo… Ejem… Digamos que el chico estaba “bien dotado” (y para ser aún más explícita, estaba “extraordinariamente muy bien dotado”). Tanto, que yo a veces me paro a pensar en si me decepcionará el siguiente que venga… ¿De verdad es importante el tamaño? Mi sexo con Mr Big era realmente bueno, pero dudo que fuera por el tamaño de su “virilidad”. Creo que el buen sexo tiene que ver con la química, el deseo y la conexión entre dos personas. Aún así, sigo temiendo mi próxima relación carnal… Y aquel beso “mal dado” incrementó todos mis temores.

¿Cómo no va a ser importante el tamaño si un simple beso ya puede estropear cualquier bella historia?

¿Es tan importante el primer beso? Mucha gente me ha dicho que no le dé tantas vueltas a las cosas, que “besar” es algo que se puede mejorar, aprender y perfeccionar con la práctica. Yo, a parte de ser extremadamente ilusa con tendencias a crearme demasiadas expectativas, le doy mucha importancia a esos DETALLES. El olor de la persona, la manera de mirarte, de reírse, la sonrisa, cualquier tic, los ojos, la manera de andar, de hablar, que sea educado, gentil, amable… Lo creáis o no, todas estas cosas pueden percibirse en un micro-segundo y dicen muchísimo del tipo de persona que tienes en frente. El beso no es más que la confirmación de la verdad, la “tarjeta de visita en carne y hueso”, y un beso mal dado puede decirte TODO acerca de un hombre: si es seguro de sí mismo (por lo tanto, bueno en la cama ^^), si carece de autoestima (prepotente = mala comunicación = discusiones), si es un experto (un cerdo rompecorazones), si hace mucho que no besa (está desesperado)… y así infinitamente. Podéis descubrir muchas cosas sobre un hombre (o una mujer) con un simple beso. Os sugeriría que lo probaráis, pero no os lo recomiendo en absoluto, a menos que os guste meteros en líos tremendos.

Aquella semana fue aplastante para mí. Llegué a “besar” hasta a 4 hombres diferentes en cuestión de 3 días y eso no fue nada saludable ni para mi mente ni para mis amistades. Tras haber escuchado la versión completa de la noche anterior aquella mañana resacosa, comprendí de la manera más trágica que, en mis intentos por superar la pérdida de Mr Big, me había estado esforzando durante los dos últimos meses en convertirme en lo que vulgarmente se llama una “calientabraguetas”. Y eso, creedme, no es nada nada agradable. Toqué fondo y dije “basta”.

No más hombres. No más complicaciones. En cuestión de 36 horas me vi agobiada y atormentada por 4 hombres que reclamaban de mí algo que yo no podía ni quería darles. No me gustaban. No me habían gustado nunca. Pero había seguido el juego auto-destructivo de la seducción. Seducir es muy divertido (lo juro) pero también es adictivo y peligroso, porque mientras para ti no es más que aprender a usar tu potencial femenino, para los “ensayos” (esto son, los pobres hombres que escoges) es una manera de insinuarte claramente. Y ellos lo ven así y pretenden llegar hasta el final de cualquier manera. No basta con un beso (aún forzado) y “hasta mañana”. Y aquí es cuando debes decir que no y dar tus pretextos…

Yo no quiero hacer eso nunca más. Me acuerdo de que antes de mi relación con Mr Big solía jugar mucho con los hombres. Quizás “jugar” no es la palabra correcta, pero sí me creaba ilusiones sobre ellos, los idealizaba de alguna manera y cómo no, todo acababa mal al descubrir una verdad que no cuadraba en mi “cuento de hadas”. También recuerdo que ésa fue una de las razones por las que al principio me negaba a salir con Mr Big. Le dije “quiero que sepas que si empiezas algo conmigo es muy probable que acabe haciéndote sufrir“. Las cosas no fueron así después de todo, pero no quiero volver a herir los sentimientos de nadie. Nunca más.

Ahora, semanas después de aquellas conclusiones, un nuevo hombre aparece en mi nueva vida. Espectacular. Si bien no es perfecto, tiene sus defectillos, pero me gusta igualmente. No sabría decir por qué. Es amable, me hace reír mucho y somos muy amigos. Nos parecemos en muchas cosas y además somos del mismo horóscopo (¿será eso bueno o malo?). Pero de momento sólo somos amigos, a pesar de que el hecho de que “nos gustamos mutuamente” es una noticia a grito pelado a nuestro alrededor. Todo nuestros amigos en común están expectantes ante la hora en que confirmemos sus explícitas sospechas. Gracias a los dioses, ambos somos muy precabidos en estas cosas (yo a la fuerza, visto los últimos eventos en mi vida) y no hemos decidido tomar la iniciativa en ese aspecto. Disfrutamos de la compañía del uno y el otro mientras tanto. Lo que tenga que llegar, llegará, supongo.

Mi cabeza no es tan paciente y lleva ya días tratando de imaginar nuestro primer beso. El miedo a que ese momento estropee toda esta magia me atormenta desde entonces. ¿Y si su beso no es “adecuado”? ¿Y si es lo suficientemente “malo” que ese chico tan maravilloso deja de gustarme? ¿Cómo le explicas a un hombre que ya no te gusta sólo por la manera tan horrenda en que besa? Regla número 1 del código de convivencia entre hombres y mujeres: nunca digas a nadie que besa mal y mucho menos que no quieres volver a besarle por ese motivo.

Mientras tanto, me dejo llevar con las olas de este nuevo océano en el que me sumerjo a diario muy gustosamente. Ver su cara cada día me hace feliz. Compartir el tiempo jutos me hace feliz. Hablar con él me hace feliz. Y ver que a él le pasa lo mismo me hace aún más feliz. Quiero hacer feliz a esta persona. Quiero hacer las cosas bien, de modo que no me voy a precipitar. El deseo, que ya empieza a emerger en mi interior, se mantiene atado con fuertes látigos de cuero negro. Ni siquiera sé qué textura tiene su piel, su barba, sus manos… ¡Pero muero de ganas por probarlo algún día!

Como diría Carrie: tiempo al tiempo.

~ por charlotte86 en septiembre 25, 2008.

2 comentarios to “La importancia del primer beso y Cómo me convertí en una “calientabraguetas””

  1. Vaya. Confesiones electrónicas. Pero confieso que de muchas que hay en la Web, ésta resulat de las más interesantes. Está bien escrita y resulta curioso conocer la perspectiva femenina y la honestidad brutal en algunas partes. Claro que todo importa. Desde el aroma hasta el primer beso, pasando por las miradas y las palabras. En verdad interesante tu escrito.
    Suerte

  2. Muchas gracias por tu comentario y por los alagos :) Creo que debes de ser el primer hombre que nos lee, ¡enhorabuena! Escribir nos ayuda a entendernos (ya ves, que ni siquiera las mujeres nos entendemos a nosotras mismas) y a mejorar como personas. Al menos ésa es mi motivación para escribir.
    Respecto al tema de esta entrada, creo que hay dos tipos de personas: los detallistas y los burros xD. Los detallistas somos los que nos fijamos en todos esos detalles de la otra persona y les damos importancia (yo a veces, demasiada). Los “burros” son los que ignoran estos detalles y además piensan que no importan. Les llamo “burros” porque sinceramente, ¿a qué sabe la vida sin estos detalles que hacen que cada persona sea un mundo diferente que conocer y disfrutar? Ellos se lo pierden ¿cierto?
    ¡Muchísimas gracias de nuevo por tu comentario!

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