Grandes esperanzas. …ó lo que es lo mismo: mi gozo en un pozo.
Cuando la vida se convierte en una caja de bombones…y, nunca sabes el que te va tocar.
Charlotte y yo podemos considerarnos unas grandes conocedoras de la raza más vil que hay en la tierra: la del hombre en edad de merecer. Después de lo de las últimas semanas podemos decir que lo hemos visto todo. De todos los colores y formas visten nuestros objetos de deseo. ¡Viva el verano! En su mayoría, le gusta vestir de Peter Pan, de eso ya nos hemos bien enterado. Algunos no es que les guste, es que lo llevan tan a dentro de la piel y de cada gotita de sangre que les corre por las venas que les sale solo el papel. Lo bordan a la perfección. Pero cambiemos de tercio. Hagamos un giro hacia el cinismo en versión galán que viste a esta nueva especie, siempre claro está, en edad también de merecer. Pero ojo, visten más formalmente. Van de militar. Uniforme de gala. Olé. A éstos, con su solapa planchada y su pelo (en el caso que lo tengan) bien repeinado, tampoco les queda nada mal el papel. Les queda incluso mejor. Son más convincentes. Son un bombón de praliné de los que huelen bien y saben mejor. Descubren una nueva modalidad de hacer añicos nuestro ánimo de quitarnos la careta de la resignación de ojos de vaca muñida. ¡Será la novedad! Cuando ya crees que lo has visto todo y que tienes la clave para torear en el festejo…. Te dejan de nuevo taquicárdica. O sin palpitación alguna, depende de la persona. Digamos que sus ademanes de galán y sus habilidades verbales son muy depurados. Después de la primera conversación con el susodicho que definió esta nueva especie, tanto Charlotte como yo, no teníamos más que onomatopeyas que añadir a la conversación. Alguien finalmente en sus cabales. Palabras y palabras que nos alejan del país de nunca jamás, que nos devuelven la cabeza a la tierra. Intriga su timidez, su aire responsable y concentrado. Seguimos cada movimiento de su cuerpo. Sus maneras perfectas te hacen olvidar que su ideología de todo por la patria está a las antípodas de la tuya que eres apatriada y gitana del mundo. Allí en silencio Charlotte canta para sí algo como la versión babosa de Suspiros de España, como le gustaría al soldadito. Por una vez, si. Queda prendada, adopta un nuevo objetivo en su camino a liberación de su mayor cadena al pasado: Mr Big. Y ahí empieza el cortejo. Idas y venidas de mensajes y sentimientos entredichos. Lenguaje subliminal. Golpe de abanico y sonrisa de ojos. Brillo en las mejillas y en los dedos de la emoción al escribirle. Seducción pura. A volver a creer que, en la edad de merecer, alguno merece la pena. Ante respuestas tímidas de él, incremento de la artillería de ella. Y poco a poco…una promesa. La espera de una llamada que nunca llega. Ay de mi suspira Charlotte. De un soplido. La decepción de nuevo. Los soldados sin embargo guardan sus formas. Cuando prometen algo y sacuden los cimientos de tu castidad derivada de la terapia proclamada como contacto cero a gran escala (ésto es, arrastramiento ninguno) siempre piden perdón. No importa que te quedaras esperando esa llamada ó que no la esperaras y probaras el plan B. Cuando te proponen un weekend plagado de locuras a lo ‘De aquí a la eternidad’ te lías la manta a la cabeza para no pensar más en lo que te pueda quedar en ti de orgullosa y digna. Das un ‘si, quiero’ convencida. Allá vamos. Con toda la artillería de seducción que te quedaba congelado en la nevera para la vuelta de Big en la piel de cualquier mañaco de lo que me gustan. Telarañas pa’fuera como dice Bebe. Despolvadas las ganas de contigo pan y cebolla en una playa quien sabe donde…te llega un mensaje. Gracias amables, excusas perfectas. Legionarios que evaden lo acordado y se rompen sospechosamente el pie en una cala del sur. Soldaditos que se hacen los despistados que prefieren el calor de otros brazos pero que agradecen que seas un hombro en el que ver que existe un mundo mejor. Y ya no suspiramos como cuando conducía aquella primera noche. Ahora Charlotte suspira y mientras, se tira de los pelos. De pura sorpresa, de estupefacción de la grande. De….¿qué me estás contando? Los psicólogos no trabajan en vacaciones. Yo no soy ningún hombro de apoyo para un soldadito en apuros dice Charlotte. No espero la llamada de un inválido legionario añado yo para protagonizar la segunda entrega de vacaciones subidas de tono en Alcocever. Como dice mi abuela, hija, te vas a quedar para vestir santos. Y a este paso…creo que tiene razón. Porque si la alternativa a vestir santos es la de aguantar soldaditos de plomo…mmmm….no….
Seguimos buscando.


